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Cómo mejorar la comunicación con colaboradores aprendiendo a escuchar

Las expectativas condicionan mi vida, cómo domarlas con el mindfulness

Cómo mejorar la comunicación con colaboradores aprendiendo a escuchar

Como responsables de equipo, deseamos mantener buenas relaciones con nuestros colaboradores y compañeros. Para tener relaciones significativas, cariñosas y duraderas, necesitamos mejorar la comunicación con colaboradores. Esto permitirá desarrollar proyectos de manera sana, que nos ayuden a sentirnos bien durante las horas que le dedicamos al trabajo.

La comunicación como herramienta principal para mejorar las relaciones

La comunicación es el núcleo principal que sustenta la creación de este tipo de relaciones. Nuestras emociones juegan un rol fundamental a la hora de implementar esta comunicación.

 

Para tener una buena comunicación, es fundamental tener conciencia de nuestras propias emociones. Desarrollar la capacidad de compartirlas de una forma respetuosa con los demás. De esta forma, conseguimos también mejorar la empatía.

Hay veces, en las que te encuentras con la necesidad de compartir un tema determinado, o charlar con alguien de tu equipo. En un principio, tienes la intención de hablar tú. Que esa persona te escuche, que hable y que la escuches, para tener una comunicación efectiva.

Sin embargo, te encuentras con que el tema que querías tratar, despierta en la otra persona una alteración en sus emociones, que la lleva a querer desahogarse. Aunque esperases otro tipo de comunicación, esta resulta imposible, ya que la otra persona interrumpe de forma constante cada vez que quieres intervenir.

Cómo el mindfulness ayuda a mejorar la comunicación con colaboradores

Cuando me he encontrado en situaciones de este tipo, lo que hago es recurrir al mindfulness. Mientras observo a esa persona, me observo a mí mismo para poder dejar espacio. Vivir el presente con ella y no lo que mi mente quiere.

Para mejorar la comunicación con colaboradores, trato de mantenerme abierto, consciente de generar este espacio del que os hablaba. Intento que esa conversación, que ha tomado un rumbo inesperado, sirva como experiencia positiva y permita avanzar al proyecto o a la persona en cuestión.

Para escuchar a un colaborador con empatía, es necesario desconectarnos de nuestros juicios y creencias. Dejar lo preestablecido totalmente de lado. Es muy sano ponerse en el lugar de la otra persona. Escucharla y permitir que sea, que esté, que saque lo que necesita, que se sienta escuchada y comprendida. Sobre todo, es importante que no se sienta juzgada por cómo se comporta debido a esa alteración.

Tenemos que ponernos en su lugar, tratar de introducirnos en su mente y comprender cómo se siente. Para ello, es bueno hacerse preguntas como “cómo me sentiría yo si estuviese en su lugar”.  Para conseguir comprender este momento, hay que conectar el cerebro racional con el emocional. Escuchar a una persona con empatía, va a ayudarla a identificarse con sus sentimientos y va a mejorar su inteligencia emocional.

Muchas veces, las conversaciones no toman el camino que buscábamos o que esperábamos, pero conseguimos igualmente sacar una experiencia positiva de ellas. Para mejorar la comunicación con colaboradores, es importante dejar de lado las expectativas y comenzar a vivir el momento presente.

 


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Técnica buenísima para afrontar mejor el estrés y estar más saludable

Técnica buenísima para afrontar mejor el estrés y estar más saludable

Técnica buenísima para afrontar mejor el estrés y estar más saludable

Hoy quiero hablaros de una técnica que estoy realizando últimamente para afrontar mejor el estrés. Consiste en parar durante pequeños momentos a lo largo del día para observarme.

En estos momentos de los que os hablo, observo mi respiración, mis emociones, las sensaciones que tengo en ese momento… Y, me he dado cuenta de que percibo muchas sensaciones de nerviosismo o de ansiedad.

Pienso, que es importante permitirse estos descansos para tomar conciencia del momento presente. Evitar ir corriendo siempre de un lado a otro con el piloto automático conectado, que es lo que nos pasa a la mayoría de nosotros.

 


Vivir en automático nos impide disfrutar de la vida y ser conscientes del momento presente


 

Cada vez que estamos viviendo en automático, nos perdemos momentos preciosos de nuestra vida. El hecho de estar llevando a cabo alguna rutina y tener la mente puesta en otro sitio, nos impide conectar con lo que estamos haciendo. Dejamos de ser conscientes del propio acto que realizamos.

Esto de lo que os hablo es algo tan habitual, que seguro que os podéis sentir identificados en alguna medida. Yo mismo me he visto en infinidad de situaciones. Devorado por la prisa y los nervios, enviando un correo mientras estoy pensando en la reunión que voy a tener después. Me he visto tratando de implementar un proyecto, sin realmente poder centrarme en ninguna de las cosas que estaban rondando mi mente.

No me gusta pensar que mi vida va pasando en automático. Por eso, he decidido hacer estos pequeños parones para escucharme a mí mismo y afrontar mejor el estrés. Suelo hacerlos durante el día, entre medias de las tareas de la oficina, o en los trayectos de ida y vuelta hacia casa.

Puedo deciros que, estos instantes de escucharme a mí mismo cada día, me están permitiendo afrontar mejor las situaciones de estrés y aquellas que me generan picos emocionales.

He conseguido gestionar emociones que, antes de empezar con estas pequeñas meditaciones, solían superarme.

Os pongo como ejemplo un inconveniente que surgió hace unos días en la agencia. Un cliente importante había decidido dejar de trabajar con nosotros por causa de un malentendido con una persona del equipo comercial. La noticia me había generado un pico emocional, tanto a mí, como al comercial implicado.

 


El hábito de parar durante unos minutos al día para observarme me ha hecho afrontar mejor el estrés


 

Sin embargo, gracias a este trabajo de observación, fui capaz de ver el problema desde la distancia y de ponerme en la piel de cada uno de ellos. A modo de resumen, os diré que conseguí reconducir la situación de manera positiva y que. Tanto el proyecto como las personas implicadas, dieron un paso adelante en su relación.

Este hábito está haciendo mi vida mucho más saludable y enriquecedora. Gracias a escucharme, soy más consciente de cómo soy en realidad y de las cosas que siento, de qué me preocupa realmente, o de cómo son mis pensamientos cuando se producen determinadas situaciones.

He encontrado esta forma de explorar mi mente y afrontar mejor el estrés. La encuentro sumamente positiva. Os invito a que la probéis vosotros mismos, sin expectativas, solo para conseguir parar y observar.

 


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Cómo darte cuenta de que has desconectado contigo mismo y con los demás

Cómo darte cuenta de que has desconectado contigo mismo y con los demás

Cómo darte cuenta de que has desconectado contigo mismo  y con los demás

Mi reflexión de hoy es acerca de cómo darte cuenta de que has desconectado contigo y de que lo que estás tomando como verdadero, tal vez no lo sea tanto. Empezaré contando una historia.

Había una vez, un grupo de personas que vivían encerradas en una caverna. Estas personas llevaban siendo prisioneras en la cueva desde su nacimiento. Estaban inmovilizadas por decenas de cadenas, que las obligaban a mirar únicamente hacia la pared que se encontraba al fondo de la gruta.

Detrás de ellos, había una hoguera que les mantenía calientes, y que proyectaba en la pared, las sombras de los objetos que había en el exterior. Las personas que allí habitaban, tenían estas sombras como su realidad verdadera. Era lo que habían visto desde siempre y no se cuestionaban que las cosas pudieran ser diferentes.

Un día, no me preguntéis cómo, uno de los prisioneros consiguió liberarse y escapar, logró salir de la cueva. Tras el deslumbramiento inicial, pudo observar cómo eran las cosas realmente. Esta persona se dio cuenta de que, durante toda su vida, había estado tomando por cierta la mera sombra de cada cosa.

Decidió entrar de nuevo en la gruta para tratar de explicar a sus compañeros lo que había descubierto, para tratar de liberarlos…


Estamos domesticados, se nos niega nuestra propia naturaleza, nuestro impulso de vida


Tal vez os suene esta historia que os estoy contando, es el conocido mito de la caverna de Platón. A través de esta alegoría, el filósofo griego trataba de explicarnos una realidad en la que aún seguimos inmersos. Al igual que ocurría con los habitantes de la caverna, nosotros también vivimos prisioneros en un mundo de ilusiones; somos esclavos de una sociedad gobernada por el ego, aunque no lo sabemos. Estamos domesticados, se nos niega nuestra propia naturaleza, nuestro impulso de vida.

En la cárcel mental en la que vivimos, nos hemos convertido en depredadores de nosotros mismos y de los demás. Pasamos por encima del otro, a toda costa, para alcanzar objetivos que no son reales, para alcanzar metas que no nos hacen felices y que no necesitamos. Hemos perdido el vínculo con nuestros semejantes y con nosotros mismos. ¿Cómo darte cuenta de que has desconectado contigo?

Esto no siempre fue así, la condición natural de las personas es vivir desde el amor. Y, precisamente porque la paz y la armonía son condiciones inherentes al espíritu humano, las buscamos continuamente aunque no seamos conscientes de ello. Por más metas que vayamos alcanzando, siempre parece haber algo que nos falte. Esto, en parte es culpa de nuestro ego salvaje, que siempre quiere más. Pero también ocurre, porque lo que realmente queremos alcanzar es la paz espiritual, la conexión con nosotros, con los demás y con el universo.

En la empresa, en el departamento comercial, me encontré el otro día a Sofía. Ella es una persona sonriente que, si le preguntas, nunca te dirá que se encuentra mal o que las cosas no le estén yendo bien.


El cambio da miedo, pero es el primer paso para empezar a vivir de forma plena


Sin embargo, cuando la vi, pude darme cuenta de que había algo que la perturbaba, que no la dejaba ser feliz. Es importante observarse a uno mismo y observar a los demás. Cuando tienes a alguien en tu equipo y le escuchas atentamente, no solo la voz, sino los gestos, las emociones, puedes ser capaz de ayudarle eficazmente.

Estuve tratando de apoyarla, de animarla y de motivarla; le hice preguntas para que fuera capaz de ir desgranando sus emociones y entendiéndose un poco más a ella misma. Al salir de esta situación, Sofía se ha sentido más liberada y ha habido un cambio bastante positivo en ella.

Uno no puede liberarse de ser esclavo si no sabe que lo es. Afortunadamente, cada vez más personas se están dando cuenta de que viven atrapados y están eligiendo despertar. El cambio da miedo, salir de la rutina da miedo, pero es el primer paso para empezar a vivir de forma plena. Debemos romper nuestras cadenas y vivir desde las leyes del amor. Ha llegado el momento de darte cuenta de que has desconectado contigo y volver conectar. El despertar está cerca y no tiene vuelta atrás.

 


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Descubrir otra realidad para una comunicación más efectiva

Técnica buenísima para afrontar mejor el estrés y estar más saludable

Descubrir otra realidad para una comunicación más efectiva.

 

¿Y si lo que entendemos por realidad fuese tan solo una ilusión colectiva? ¿Y si toda nuestra forma de vivir no fuese más que una prisión donde vivimos subyugados por una super estructura que nosotros mismos alimentamos? ¿Por qué no tenemos una comunicación más efectiva ? ¿Te lo has planteado alguna vez?

Seguro que sí. Y si nunca lo has pensado así, al menos permíteme creer que te has dado cuenta de que algo no funciona, de que, tal vez, las cosas no sean como nos las habían contado.


No conocemos otra realidad que el encierro, por eso no nos planteamos liberarnos


Vivimos en una prisión imaginaria que nosotros mismos, seres adormecidos, mantenemos en pie. Estamos domesticados. Estamos atontados. Somos prisioneros y no queremos liberarnos. ¿Por qué?

Hemos nacido en esta cárcel y no conocemos otra realidad. Somos esclavos pero, al no saber que existe la libertad, no nos planteamos rebelarnos para tratar de liberarnos. Y, siendo sinceros, tal vez sea más cómodo vivir en esta ilusión conocida, en la cual ya conocemos las normas y donde no tenemos que hacer nada para habitarla.

Esta falsa comodidad, también hace que no lleguemos a estar felices. Hemos visto la puerta de la cárcel, pero no queremos abrirla. Nos da miedo el cambio. Algo nos dice, que detrás de ella, existe una realidad llena de posibilidades, pero también que trae consigo una gran responsabilidad y un esfuerzo personal.

En esta realidad por descubrir, las normas aprendidas en el encierro ya no son vigentes, y nuestros actos solo están guiados por nuestro propio albedrío. La súper estructura deja de guiarnos y ya no se la puede responsabilizar de nuestros actos. Somos libres. ¿Por qué nos da tanto miedo?

Hemos estado sufriendo un proceso de domesticación desde el momento mismo del nacimiento. Nos han enseñado que los demás son el enemigo, que nosotros mismos lo somos. Es una guerra. Es un mundo de conflicto y supervivencia donde solo el más fuerte vencerá.

En este tipo de realidad, se nos hace imposible alcanzar la paz y la tranquilidad. El ego nos hace estar siempre a la defensiva. Nos enfrenta con cualquier posibilidad de reconciliación o de confiar en el prójimo.

Si os digo la verdad, siempre había notado que algo fallaba, que algo no iba bien en nuestra forma de vivir. Tras años de meditación y de tratar de conocerme a mí mismo, he sido capaz de abrir los ojos. Estoy despertando de una ensoñación y estoy conociendo el mundo real a la vez que me voy conociendo a mí mismo.

El despertar no tiene vuelta atrás. Analizar nuestras creencias e ir liberándose de capas es un proceso sin retorno para salir de la prisión.

Cada vez hay más personas buscando esta liberación. Y somos nosotros, los que ya hemos abierto los ojos, quienes debemos ayudar a guiarlos para ingresar en la verdadera naturaleza humana.

Tantas veces vivimos ofuscados, tantas nos sentimos bloqueados y no podemos liberarnos nosotros mismos. Por suerte, la bondad, el amor y la empatía son cualidades de las personas liberadas que nos tienden una mano para salir del atolladero.

A mí mismo también me ha pasado. No hace mucho, me encontraba inmerso en un proyecto bastante grande. Llevaba más de tres semanas trabajando en él, inmerso en desarrollarlo y en gestionar la presión que me estaba generando.

 


Tener una comunicación más efectiva me ha servido para poder gestionar situaciones difíciles


 

Durante este tiempo, tuve que tomar muchas decisiones y superar muchos obstáculos. Me tuve que ir haciendo muchas preguntas a mí mismo para ir desbloqueando situaciones, hasta que llegó el momento en que me sentí bloqueado. Llegado a este punto, me di cuenta de que lo que debía hacer era pedir ayuda, por lo que decidí involucrar a otro responsable en el proyecto.

Yo estaba en un momento en el que me había tenido que escuchar mucho a mí mismo para entender que me estaba afectando incluso a mi salud. Y así es como se lo transmití a esta persona.

Tuve que hacer uso de una comunicación más efectiva para convencerle de que me prestase la atención que necesitaba, y para que entendiera la importancia del proyecto.

Este otro responsable, Javier, se ha comunicado conmigo de una forma muy efectiva, también. Ha entendido la importancia de lo que le estaba planteando y, no solo ha decidido involucrarse, sino que me ha ayudado a desbloquearme, haciéndome una serie de preguntas para conseguir que yo mismo llegue a la solución.

Tanto Javier como yo, en esta situación, hemos sido personas que hemos conseguido vivir al margen del ego. Hemos logrado tener una comunicación más efectiva y ahora trabajamos en equipo, sacando adelante un proyecto importante.

 


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Cómo salir de bloqueos mentales en el trabajo con una meditación

Cómo salir de bloqueos mentales en el trabajo con una meditación

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Cómo salir de bloqueos mentales en el trabajo con una meditación

Vivimos encerrados en una sociedad de depredación energética en la cual, para sobrevivir parece que debiéramos alimentarnos los unos de los otros. No conseguimos salir de bloqueos mentales porque esta forma de devorarse unos a otros parte siempre de un viejo conocido: el ego.

Parece que estuviéramos condenados a juzgar, a criticar, a decidir qué está bien y qué está mal, qué es luz u oscuridad. Vivimos encerrados en cientos de dicotomías que nos hacen tomar partido de algo que, realmente, es una ilusión.

Cómo el ego nos bloquea y nos retiene

El ego nos obliga a posicionarnos y a juzgar al que no es como nosotros. Nos hace entender la vida en términos de supervivencia, no de disfrute, de simplemente vivir, gozar o de estar alegres.

Este estado de encierro en la prisión del ego nos lleva permanecer en una continua lucha interior en la que, para sobrevivir, hay que erradicar al otro, hay que pasar por encima de él.

Pasamos nuestros días sintiendo este tipo de vida como algo propio, algo normal que debiera ser así. No nos planteamos cambiarlo, porque no somos conscientes de que estamos sumergidos en una prisión ilusoria.

Alguien que ha nacido en cautividad, no sabe que puede ser libre. Quien está acostumbrado a vivir en depredación, no espera un gesto humano de algún semejante.

Aún así, dentro de nuestra cárcel, ansiamos la felicidad, una armonía que no llega. Ansiamos una paz y un goce que son el estado natural de nuestra alma y que perseguimos sin descanso día y noche.

Esta búsqueda, en muchas ocasiones, nos comporta una infelicidad que no somos capaces de identificar, que no podemos comprender. Tal vez os preguntaréis por qué. Es sencillo. Nuestra paz y armonía han de ser buscadas desde el interior, no desde un evento externo que nos cambiará la vida y nos hará alcanzar el súmmum del goce.

Necesitamos despertar, salir de esta ensoñación en la que vivimos y empezar a conectar. Precisamos salir de bloqueos mentales con urgencia.

Cómo la meditación puede ayudarnos a salir de bloqueos mentales

Antes de comenzar a meditar, yo mismo vivía en este estado ilusorio. En muchas ocasiones, me sentía ofuscado al sufrir pequeños inconvenientes. Muchas veces, mis dificultades no eran tan importantes, pero me generaban un estado emocional muy intenso.

Gracias al mindfulness, cada día voy trabajando para conocerme a mí mismo, para salir de esta prisión vigilada por el ego.

Para que veáis que no solo me ocurre a mí. El otro día, tenía que reunirme con un responsable de departamento para tratar de ciertos asuntos importantes que debíamos resolver. Nada más entrar en su despacho, pude observar que se encontraba en una vorágine de emociones negativas.

Había tenido un par de inconvenientes, entre ellos un técnico: no podía poner en marcha su equipo. El hecho de no poder acceder a su ordenador, entre otras cosas, había hecho que se bloquease. Este problema, con fácil solución y casi sin importancia, había sido el desencadenante de un pico emocional que no podía gestionar.

Enseguida, traté de convencerle de que entrase en una meditación mientras le arreglaban el ordenador. Al principio fue reacio, pero el tono de acompañamiento con el que se lo sugerí, pareció dar sus frutos y accedió.

Durante la meditación, no podemos decir que encontrase la solución a todos sus problemas. Pero sí fue capaz de identificar el problema que lo tenía inmerso en este pico emocional y que, evidentemente, nada tenía que ver con su ordenador.

Estaba bloqueado por motivos de concentración, por cosas pendientes que hacían que su mente estuviese en muchos sitios a la vez. No se centraba en nada en concreto. Solo tenía que pararse y observarse a sí mismo para conseguir salir de bloqueos mentales. Al final, resultó ser un buen día y el comienzo de muchas otras sesiones de meditación.

 


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Qué es divagar y por qué nos complica la vida

Qué es divagar y por qué nos complica la vida

Qué es divagar y por qué nos complica la vida

Divagar es el estado natural de la mente humana. Así lo aseguran distintos estudios científicos realizados a lo largo de principios de este siglo. Pero qué es divagar. Por divagación, entendemos esos momentos en que, aunque estemos haciendo algo, un porcentaje de nuestra mente está en otro sitio.


Divagar es un estado natural de la mente que, sin embargo, nos hacer tremendamente infelices.


Estos estudios, han llegado también a la conclusión de que, aún a pesar de ser un estado natural de la mente, la divagación nos hace tremendamente infelices. La divagación abre la puerta a los miedos psicológicos.

Los animales, por ejemplo, al no tener ese pensamiento racional, no saben qué es divagar. Se preocupan de cazar cuando tienen hambre y de dormir cuando están cansados. Solo tienen miedo cuando existe algún peligro real que les acecha. Quien no piensa no tiene miedo, al menos no tiene miedo psicológico. Es un miedo creado sobre expectativas hipotéticas: qué va a ser de mí, qué van a pensar, etc.

La divagación de la mente hace que nos sintamos desubicados, descolocados por completo. Creo que mucha gente recurre a las drogas porque quieren parar esta divagación continua. Quieren colocar su mente en un estado de congruencia. No estoy diciendo que debamos recurrir a las drogas, ni mucho menos. A lo que me refiero es a que debemos aprender a alcanzar esos estados sin necesidad de sustancias, a través de la meditación.

La divagación es un subproducto del pensamiento y, a su vez, el miedo psicológico lo es de la divagación. Como seres humanos, deberíamos poder estar viviendo con la mente centrada. Sin embargo, nos dejamos arrastrar por el miedo, hasta que este se apodera de nuestras vidas y nos impide vivir con congruencia


Gracias a la meditación he conseguido entender qué es divagar y he podido liberar mi mente.


Después de años de meditación y de observarme a mí mismo, he conseguido frenar la divagación en un porcentaje muy alto. Podría llegar a decirse que me he liberado. No sé si del todo, pero me gusta pensar que sí.

Para que me entendáis, cuando hablo de liberarse, hablo de dejar atrás los miedos psicológicos. No dejarse gobernar por ellos y por el ego, tener una mayor flexibilidad mental, en definitiva, de estar humanizado.

A mí me gusta trabajar haciendo preguntas a las personas para ayudarlas a descubrir cómo ser más productivos, cómo enfrentar sus miedos, qué pueden aportar la empresa, qué haría una persona a la que admiran ante proyectos o situaciones similares, etc. Sin embargo, hay personas con las que es fácil hacerlo de esta manera, y hay que estar muy atento para saber diferenciarlas.

Quiero contaros el caso de Patricia, una compañera del departamento de recursos humanos. Con ella, me he encontrado uno de estos casos en los que hacer preguntas me resulta muy difícil, ya que sus respuestas siempre suelen ser muy abstractas, o incluso llega a contestar cosas diferentes de las que pregunto.

Esta situación me genera un gran vaivén emocional, ya que no sé si ella no me está escuchando, si no es capaz de reflexionar sus respuestas o qué es lo que ocurre. A su vez, creo que ella debe sentirse desconcertada, ya que no acaba de aclararse, y que debe tener muchas cosas a la vez en la cabeza que impiden que se pueda concentrar.

Creo que debo tener mucha más paciencia con ella y seguir trabajando para ayudarla a observarse a sí misma y a tener una conversación más efectiva. También pienso que debo adaptar mi comunicación para conseguir llegar hasta ella y guiarla para que sea capaz de reflexionar profundamente, tanto en las reuniones como con ella misma. Estoy seguro de que, entendiendo qué es divagar y dejando atrás el ego, podremos implementar la comunicación, y esto nos va a permitir avanzar mucho más a todos.


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Dirigir un equipo de personas conlleva una gran responsabilidad

Dirigir un equipo de personas conlleva una gran responsabilidad

Dirigir un equipo de personas conlleva una gran responsabilidad

Creo que lo mejor que se puede aportar a una sociedad es cuidar de los tesoros que alberga: las personas. Impulsándolas y tratando de que vivan el presente con la mayor intensidad posible, para que se conviertan en una promesa de futuro.

Las personas despiertan emociones únicas en las demás. Hay momentos en que sus gestos, su inocencia o su alegría sincera pueden conmovernos, como ninguna otra cosa en el mundo es capaz. Estar con una persona es una experiencia preciosa.

Dirigir personas conlleva una gran responsabilidad y, puedo decir, casi seguro de no equivocarme, que es el acto más trascendental en la vida profesional de uno mismo. En mi opinión, es posible alcanzar la plenitud laboral viendo crecer, desarrollarse y descubrirse a las personas de tu equipo. Cuando estas se desarrollan profesionalmente, de forma sana, algo se llena dentro de mí.

Pero, por supuesto, dirigir un equipo no es fácil. Un buen responsable de equipos debe conseguir que el cerebro de las personas con las que trabaja sea autónomo. Consiga sus metas de manera independiente y se sienta bien consigo mismo.


Normalmente, las personas que deben dirigir un equipo, no han recibido ninguna formación sobre cómo ayudar a sus colaboradores en este proceso de desarrollo.


Si puedo ayudaros con mi experiencia personal, os diré que me ha ayudado mucho el ejercicio constante de la meditación. La práctica de la apertura y la presencia consciente, observándome a mí mismo sin reaccionar. Para ser capaz de reconocer la importancia de la experiencia en el día a día, en cada momento.

Sinceramente, creo que acompañar a las personas es importante. Hoy, desde primera hora he estado al lado de una persona del departamento de administración. En esta ocasión, permitidme que me reserve su nombre, ya que es una persona sumamente discreta y creo que agradecerá este detalle.

Pues bien, como os decía, hoy he estado acompañando a esta persona en sus tareas. He estado observándola y haciéndole preguntas sobre cómo puede ser más productiva. Cómo podría reducir los tiempos en sus procesos y cuál es la relación que tienen sus tareas en el resto de la empresa. Tal vez os sorprenda, pero esta persona ha conseguido ser hoy mucho más productiva que otros días. Gracias a la reflexión que ha tenido que hacer a causa de mis preguntas. Ha logrado ahorrar casi una hora de tiempo a lo largo de toda la mañana. Este tiempo extra le ha permitido asistir a una formación para un proyecto nuevo. En el que ha encontrado cabida y al que va a empezar a dedicarse a partir de ahora.

Esta persona se ha sentido mucho más motivada. Ha sido capaz de comprender la importancia de su labor dentro de la empresa y ha aumentado la autoconfianza. Porque se ha dado cuenta de que puede ser mucho más productiva y de que puede alcanzar nuevas metas por sí misma.

Yo, por mi parte, también me he sentido muy satisfecho. Como os comentaba, el mayor éxito profesional para mí es ver cómo crecen y se desarrollan de forma sana los trabajadores. Dirigir un equipo de personas conlleva una gran responsabilidad. Para llevarlo a cabo he tenido que ser capaz de conectar con esa personas. Para ello, ha sido necesaria una comunicación sincera y una clara intención de ayudarlas.

Finalmente observarme a mí mismo y conociéndome internamente me ha permitido descubrir nuevas maneras de comunicarme. Ayudar a los demás y guiar, conociéndome a mí mismo y abriendo la mente a todo tipo de situaciones.


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¿Por qué tenemos miedo?

¿Por qué tenemos miedo?

¿Por qué tenemos miedo?

¿Os habéis preguntado alguna vez qué es el peligro? ¿Por qué tenemos miedo? Algo peligroso es aquello que pone nuestra vida en juego, una amenaza que puede dañar nuestro cuerpo de manera importante o que puede terminar con nuestra existencia. Estar al borde de un precipicio es peligroso, cruzar la calle sin mirar es peligroso, pararse delante de un animal salvaje también lo es. En estos casos es lógico y normal sentir miedo. Pero ¿qué puede ocurrirme si salgo a un escenario a dar un discurso? ¿O si le digo a esa persona lo que realmente pienso? ¿Es lícito sentir miedo en estos supuestos? ¿Qué es lo peor que me puede pasar?

En los primeros casos, el peligro es real, nuestra vida puede verse comprometida. El miedo que se siente está justificado. En los segundos, nuestra vida y nuestra integridad física permanecen completamente a salvo. Entonces, ¿por qué tener miedo? ¿Es que alguien ha muerto alguna vez por culpa de la opinión de los demás? ¿Qué puede ocurrirme si las cosas no salen como había planeado?


Si os fijáis, existen dos miedos psicológicos básicos: la opinión que los demás tienen de mí y la opinión que tengo yo de mí mismo. Son dos falsos miedos, ya que no conllevan ningún peligro en sí mismos.


Los miedos condicionan nuestra vida y, si nos dejamos gobernar por ellos, perdemos nuestra capacidad de vivir y de desarrollarnos como personas. El mundo está lleno de gente que hace cosas maravillosas. Pero que deja de hacerlas cuando alguien les critica o cuando no son del agrado de los que tiene alrededor.

Pero que alguien me critique, o que alguien crea que soy un idiota, o piense que mi manera de vestir es ridícula, eso no implica que vaya a morir, no supone que me vaya a romper las piernas. Entonces, ¿cuáles son los peligros que acechan mi vida? ¿qué riesgos te impiden vivir lo que realmente quieres vivir?

Todo esto que os estoy explicando me trae un recuerdo a la memoria. Es el caso de Berta, una diseñadora que trabajaba con nosotros en la agencia. Berta era una persona muy creativa en el trabajo. Los clientes siempre quedaban bastante satisfechos cuando se encargaba de diseñar sus logos y su identidad corporativa. Sin embargo, era evidente que buscaba la aprobación constante de los demás, y si no se le daba pie para ello, no arriesgaba en absoluto con sus diseños o propuestas. Vamos, que había que tirar de ella todo el tiempo para poder exprimir la creatividad que tenía dentro.

Como podréis daros cuenta, Berta sentía un miedo infinito al qué dirán, a meter la pata o a que su trabajo no fuera del agrado de los demás. Esto que es evidente para vosotros, que me estáis leyendo, tampoco pasó inadvertido para mí, ni para el departamento de recursos humanos.

Un día, llamé a Berta a mi despacho para intentar ayudarla y apoyarla un poco más en su trabajo. Después de años de meditación y de disfrutar de los beneficios que me había reportado, estábamos a punto de empezar con sesiones de mindfulness para los trabajadores.

Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que Berta fue una de las trabajadoras que más partido sacó de las meditaciones. El hecho de observarse a sí misma, arrojó luz sobre las sombras que el miedo arrojaba en su interior. Se dio cuenta de que, a pesar del temor, el peligro que la acechaba no era real, no existía.

Pero no solo se dio cuenta de ello, sino que decidió romper esquemas y actuar para empezar a vivir. Había entendido por qué tenía miedo.  Había pasado la mitad de su vida aletargada, negándose a sí misma, sin hacer lo que realmente quería hacer. Así que, cuando fue consciente de los cambios que podía hacer, no se limitó a saberlo. Lo hizo.

Cuando os decía que Berta ya no trabaja con nosotros, es porque se decidió a cambiar lo que ya veía desde hacía tiempo. Ahora expone sus ilustraciones en galerías a las que nunca se había atrevido a enviar sus bocetos. ¿Y tú, qué necesitas cambiar para vivir lo que ya ves?


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Ser sincero conmigo descubriendo cómo soy realmente

Ser sincero conmigo descubriendo cómo soy realmente

Ser sincero conmigo descubriendo cómo soy realmente

¿Quién sabe quién eres tú? ¿Quién sabe por qué has hecho esto? Muchas veces, ni siquiera nosotros sabemos por qué hacemos algo. Y aún así, todavía somos capaces de pensar que los demás sí lo saben y tratamos de agradarles a toda costa.  Pero no, nadie puede saber más de ti que tú mismo. Ni siquiera tus padres, o tu pareja, o el psicólogo. ¿Cómo van a decirte ellos qué es lo que tú sientes, qué es lo que hay en ti?. O ¿Qué es lo que quieres vivir en ese momento? Ser sincero conmigo descubriendo cómo soy realmente es fundamental para poder alcanzar la felicidad, para poder vivir.

El otro día, estábamos acabando la jornada cuando Nerea, una comercial, me dijo que quería hablar conmigo de manera informal, al margen de la oficina. Le pregunté si necesitaba privacidad y, cuando me dijo que sí, entramos a charlar a mi despacho. Nerea había entrado hace apenas seis meses en la empresa. Y los primeros meses le costó mucho alcanzar el ritmo de ventas. Yo la he estado apoyando desde un principio, ayudándola, ofreciendo formaciones, apoyándola y escuchándola. Y ella, poco a poco, gracias a sus recursos y a sus habilidades, ha ido reaccionando. En ocasiones, me he llegado a plantear su continuidad, debido a que no avanzaba como necesitábamos. Sin embargo, en estas últimas semanas, está resultando ser la mejor vendedora.

De lo que Nerea quería hablarme, es de que necesitaba más apoyo por mi parte en esta nueva circunstancia. Al haber mejorado en sus resultados, y al tener yo muchas otras cosas de las que preocuparme, me había alejado y la había dejado más suelta. Pero ella seguía necesitando mi apoyo también en los éxitos y le quería que la acompañase un poco más.

Esta situación me hizo reflexionar y pensar que sí, que algo de razón tenía. Al irle bien las cosas, había decidido alejarme para que fuera independizándose y madurando como profesional. Pero lo había hecho demasiado y eso había causado una sensación de aislamiento en ella. Me observé a mí mismo para tratar de entender por qué había llegado a esa situación, qué quería transmitirle exactamente a Nerea con mi manera de actuar.

Muchas veces, tomo algunas decisiones de manera automática, sin pararme a analizar cada una de ellas.


Sin embargo, a través de la observación, puedo ser sincero conmigo. Descubriendo cómo soy realmente y humanizar mi comportamiento, y comprender a los demás.


Por su parte, Nerea, también debió realizar un gran trabajo de observarse a sí misma para venir a hablar conmigo y entender qué estaba haciendo que se sintiera mal, aún a pesar de estar consiguiendo buenos resultados profesionales.

Gracias a este trabajo de observación diaria, intento reconducir situaciones como la que os estoy contando. Intento entender qué hacer para cubrir mis necesidades y las de las personas que me rodean. Este entendimiento viene de dentro de mí, nadie más puede decirme cómo pensar, viene de escuchar, de meditar.

Casi todo el mundo busca dar una buena imagen hacia fuera. Sin embargo, cuando te observas, dejas de darle tanta importancia al qué dirán y buscas ser feliz. Sentirte a gusto con lo que haces.

Como seres humanos, vamos encaminados a desarrollarnos como personas. Cada vez más vamos en esa dirección. Hacia un mundo donde las personas hagamos lo que realmente queremos, no lo que nos diga la sociedad, la familia o los amigos. Seremos personas que se escuchan, que se miran y que puedan decir que soy sincero conmigo descubriendo cómo soy realmente.


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¿Tendemos a ser severos con nosotros mismos?

¿Tendemos a ser severos con nosotros mismos?

¿Tendemos a ser severos con nosotros mismos?

Me estoy acordando de un caso que tuve la oportunidad de observar hace un tiempo, durante una formación entre departamentos en la oficina. El departamento comercial estaba ayudando al de diseño cuando me di cuenta de que Marte estaba totalmente ausente. Me quedé mirándola el resto de la formación y pude notar cómo la inseguridad y el desánimo iban haciendo presa de ella según avanzaba la dinámica.

Hay veces en las que nos damos cuenta de que nos hemos ido totalmente. Durante un periodo de tiempo nos hemos alejado del momento presente y hemos dejado divagar nuestra mente con pensamientos repetitivos acerca del futuro, o recordando situaciones angustiosas una y otra vez. Cuando volvemos a la realidad, nos damos cuenta de que hemos perdido la percepción del instante que estábamos viviendo. Entonces tendemos a ser muy severos con nosotros mismos.

A veces parece que no podamos tener el control sobre nuestras emociones. Como si fueran ellas la que mandan, que nos llevan a donde quieren. El diálogo interno que se establece en momentos como ese suele ser tan crítico como poco amable, lo que nos lleva a sentir emociones negativas como la depresión o el desánimo.


Ser consciente de que somos severos con nosotros mismos es el primer paso para poder cambiarlo.


Es posible entender, aceptar y cambiar las emociones negativas. Para ello debemos aprender a comunicarnos con ellas y conseguir mantenerlas a raya. Para desarrollar un mayor bienestar, es necesario aceptar los cambios de forma que nos sintamos cómodos con los enfoques nuevos del día día.

Cuando nuestra voz interior empieza a ser severa con nosotros mismos debemos hacer un esfuerzo por relajarnos. Sacar esa bondad que todos tenemos dentro. Se puede cambiar esa voz para que sea mucho más amable y compasiva, ya que la autocrítica y la culpa son obstáculos para estar atento al momento presente.

La toma de decisiones y la libertad de elección proporciona felicidad. Sin embargo, si reflexionamos sobre cómo vivimos actualmente, nos daremos cuenta de que durante el proceso, las sensaciones no son precisamente agradables. Surge la duda, la indecisión y el deseo de dejar las cosas para más adelante; después viene la comunicación severa con nosotros mismos y la culpa por no haber cumplido con las expectativas generadas, la insatisfacción y la voz interna que nos atormenta.

Incluso puede pasar que nos agobiemos pensando lo que pensarán los demás y no seamos capaces de tomar decisiones por ello. Si no abordamos estas situaciones, nos seguirán agobiando y nos impedirán disfrutar de la vida.

Debemos prestar atención a nuestras emociones para poder reducir la ansiedad y minimizar el proceso de rumiación. Cualquier decisión supone una renuncia, pero también una ganancia.


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