,

¿Por qué tenemos miedo?

¿Por qué tenemos miedo?

¿Por qué tenemos miedo?

¿Os habéis preguntado alguna vez qué es el peligro? ¿Por qué tenemos miedo? Algo peligroso es aquello que pone nuestra vida en juego, una amenaza que puede dañar nuestro cuerpo de manera importante o que puede terminar con nuestra existencia. Estar al borde de un precipicio es peligroso, cruzar la calle sin mirar es peligroso, pararse delante de un animal salvaje también lo es. En estos casos es lógico y normal sentir miedo. Pero ¿qué puede ocurrirme si salgo a un escenario a dar un discurso? ¿O si le digo a esa persona lo que realmente pienso? ¿Es lícito sentir miedo en estos supuestos? ¿Qué es lo peor que me puede pasar?

En los primeros casos, el peligro es real, nuestra vida puede verse comprometida. El miedo que se siente está justificado. En los segundos, nuestra vida y nuestra integridad física permanecen completamente a salvo. Entonces, ¿por qué tener miedo? ¿Es que alguien ha muerto alguna vez por culpa de la opinión de los demás? ¿Qué puede ocurrirme si las cosas no salen como había planeado?


Si os fijáis, existen dos miedos psicológicos básicos: la opinión que los demás tienen de mí y la opinión que tengo yo de mí mismo. Son dos falsos miedos, ya que no conllevan ningún peligro en sí mismos.


Los miedos condicionan nuestra vida y, si nos dejamos gobernar por ellos, perdemos nuestra capacidad de vivir y de desarrollarnos como personas. El mundo está lleno de gente que hace cosas maravillosas. Pero que deja de hacerlas cuando alguien les critica o cuando no son del agrado de los que tiene alrededor.

Pero que alguien me critique, o que alguien crea que soy un idiota, o piense que mi manera de vestir es ridícula, eso no implica que vaya a morir, no supone que me vaya a romper las piernas. Entonces, ¿cuáles son los peligros que acechan mi vida? ¿qué riesgos te impiden vivir lo que realmente quieres vivir?

Todo esto que os estoy explicando me trae un recuerdo a la memoria. Es el caso de Berta, una diseñadora que trabajaba con nosotros en la agencia. Berta era una persona muy creativa en el trabajo. Los clientes siempre quedaban bastante satisfechos cuando se encargaba de diseñar sus logos y su identidad corporativa. Sin embargo, era evidente que buscaba la aprobación constante de los demás, y si no se le daba pie para ello, no arriesgaba en absoluto con sus diseños o propuestas. Vamos, que había que tirar de ella todo el tiempo para poder exprimir la creatividad que tenía dentro.

Como podréis daros cuenta, Berta sentía un miedo infinito al qué dirán, a meter la pata o a que su trabajo no fuera del agrado de los demás. Esto que es evidente para vosotros, que me estáis leyendo, tampoco pasó inadvertido para mí, ni para el departamento de recursos humanos.

Un día, llamé a Berta a mi despacho para intentar ayudarla y apoyarla un poco más en su trabajo. Después de años de meditación y de disfrutar de los beneficios que me había reportado, estábamos a punto de empezar con sesiones de mindfulness para los trabajadores.

Puedo decir, sin miedo a equivocarme, que Berta fue una de las trabajadoras que más partido sacó de las meditaciones. El hecho de observarse a sí misma, arrojó luz sobre las sombras que el miedo arrojaba en su interior. Se dio cuenta de que, a pesar del temor, el peligro que la acechaba no era real, no existía.

Pero no solo se dio cuenta de ello, sino que decidió romper esquemas y actuar para empezar a vivir. Había entendido por qué tenía miedo.  Había pasado la mitad de su vida aletargada, negándose a sí misma, sin hacer lo que realmente quería hacer. Así que, cuando fue consciente de los cambios que podía hacer, no se limitó a saberlo. Lo hizo.

Cuando os decía que Berta ya no trabaja con nosotros, es porque se decidió a cambiar lo que ya veía desde hacía tiempo. Ahora expone sus ilustraciones en galerías a las que nunca se había atrevido a enviar sus bocetos. ¿Y tú, qué necesitas cambiar para vivir lo que ya ves?


Suscríbete para no perderte nada

Acepto la política de privacidad


 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *