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Reducir las expectativas para vivir desde el ser y no desde el hacer

Reducir las expectativas para vivir desde el ser y no desde el hacer

Reducir las expectativas para vivir desde el ser y no desde el hacer

 

Desde hace un tiempo, he decidido que quiero disfrutar en mi trabajo. Quiero gozar del día a día y de las cosas que hago. Para ello, me he comprometido conmigo mismo a reducir las expectativas y vivir las cosas como vengan.

Ahora que lo estoy haciendo así, he conseguido disfrutar más. Voy siendo consciente de cada tarea que hago y de cada momento que vivo. Pasamos demasiadas horas en el trabajo como para no disfrutar del tiempo que estamos en él.

No es algo fácil de conseguir, porque todos tenemos expectativas sobre las cosas. Tampoco se trata de no tener ninguna y de que nos den igual las cosas que pasen. Se trata más bien de reducir las expectativas, de ser más humilde y de relajarse.

Antes, cuando se me presentaba un día potente, entraba en la agencia con unas expectativas demasiado altas. El problema era, al estar pendiente de cumplirlas, no solo no disfrutaba, sino que rendía menos. El ansia por cubrir lo que esperaba de mí para ese día me limitaba y me estresaba.

Ahora, cada mañana, entro con dos únicas expectativas: disfrutar del día y saborear cada momento. Con esto no quiero decir que llegue al trabajo sin ambición. Sigo luchando por las cosas con la misma fuerza, pero lo único que espero es poder vivir desde el ser.

 


Reducir las expectativas me ha permitido conseguir resultados con mayor calidad


 

Tratar de ser más que de hacer ha conseguido que mis experiencias sean mucho más positivas. Los resultados que estoy consiguiendo tienen una calidad mucho alta. No solo a nivel del proyecto, sino también en lo personal. Estoy aprendiendo y conectando con la vida.

Esto que digo parece tan fácil y tan difícil a la vez, que requiere mucha constancia y trabajo diario. Necesito ir evaluándome en mi día a día, de manera periódica para poder equilibrarme y vivir desde el ser.

Cada día es diferente y, a veces resulta complicado poder mantenerse en este estado mental y emocional. A veces, me dejo llevar por la inercia, conecto el piloto automático y hago las cosas desde el hacer. Me veo realizando varias tareas a la vez, sin centrarme en ninguna en concreto.

 


Debo dedicarme unos minutos a mí mismo para volver a equilibrarme


 

Es entonces cuando noto que algo no va bien. Me doy cuenta de que he dejado de sonreír, de que me siento incómodo y estresado. Incluso empiezo a sentir miedo y mi cuerpo se tensa de manera dolorosa.

Cuando llego a este punto, dejo de trabajar en lo que estaba haciendo y me dedico unos minutos para mí mismo. A veces necesito un minuto para volver a mí ,y a veces diez. Lo importante es que me permito darme ese tiempo para reequilibrarme y conectar con mi ser.

Me relajo y me escucho. Observo mi ansiedad. Observo mi miedo. Y, con mucha calma y mucho cariño, me perdono a mí mismo y me permito volver a alcanzar el estado de equilibrio.

El hecho de reducir las expectativas y de vivir desde el ser, me permiten ser más consciente y disfrutar. En este estado, noto que mi talento se expande, que mi creatividad brota y que todo fluye de manera natural.

 


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